
Un parque organizado en islas que cierra sus propios ciclos ecológicos
¿Cómo se construye un gran parque metropolitano que funcione como frontera fértil entre la ciudad y el campo?
La propuesta genera el parque a partir de las preexistencias de la vaguada, como un ecosistema de transición entre lo urbano y lo rural. Una malla de caminos que prolonga la trama de los bordes, cuatro islas programables y unos ciclos de agua, energía y residuos cerrados dentro del propio ámbito organizan el parque como infraestructura ecológica y social.
La vaguada de Porzuna es una franja de más de 21 hectáreas entre el borde consolidado de Mairena del Aljarafe y el campo, un lugar de transición entre el paisaje de secano y una dehesa fértil gracias al agua. En 2007 el Ayuntamiento convocó un concurso abierto de ideas para convertirla en el parque central del municipio. EDDEA lo ganó con un lema, «¡Cultiva tu mundo!», y asumió después el proyecto, los proyectos de urbanización y la dirección de las obras.
La propuesta cultiva, a partir de lo que ya hay en la vaguada, un ecosistema entre la ciudad y un paisaje rural-urbano, programable y abierto a cambiar con el uso. Hoy está construido y enlazado con el metro, las zonas comerciales y la biblioteca, y en 2025 el Ayuntamiento ha iniciado su segunda fase.
El primer instrumento es una red de caminos ajustada a la topografía que prolonga la trama de los bordes, prevé los recorridos futuros y reutiliza suelos en desuso. De ella resulta una malla de espacios de tamaño parecido al de las manzanas vecinas, que prolonga dentro del parque el tejido urbano de los bordes. Sobre esa malla se superpone un anillo de equipamientos que se apoya en el parque y hace de transición con la trama residencial adyacente.
Los recorridos se ordenan en dos tramas. La exterior resuelve el contacto con la ciudad con acerados más amplios, carril bici y bandas arboladas; la interior es peatonal, con caminos principales de 8 m y secundarios de 4 m, y en sus cruces aparecen espacios abiertos a usos diversos: kiosco, pistas deportivas, escenario y graderío.
Del cruce entre la malla y el anillo de equipamientos surgen cuatro islas, soportes programables que concentran el contenido del parque. La Isla de las Hespérides, de 27.340 m², acoge usos botánicos, viveros, un mirador y actividades de empleo; la Isla Laguna, de 27.629 m², se dedica a observar e investigar los procesos del agua; la Isla Wifi, de 6.338 m², reúne puntos de información y convivencia digital bajo arbolado de sombra, y la Isla Alameda, de 14.612 m², resuelve los pasos de fauna y los lugares de encuentro sobre un ecosistema de ribera.
La estrategia se ordena en tres sistemas ligados al agua —el de la vaguada, el de las islas-jardín y el urbano de continuidades— y se gestiona en cinco capas: verde, agua, energía, residuos y escenarios. Una laguna de macrófitas filtra las pluviales, las zonas de contención absorben las avenidas del arroyo y las aguas grises se reutilizan en los edificios del parque, cuyas cubiertas captan energía térmica. Los residuos vegetales se compostan dentro del propio parque.
En 2009 EDDEA redactó los proyectos de urbanización en dos fases y dirigió las obras de la primera, terminada en 2019. En 2025 el Ayuntamiento ha puesto en marcha la segunda, que suma unas 15 hectáreas más a la gran zona verde del municipio.
