eddea COMMITMENTeddeaTALK! nº7. Enero 09

CAMBIO CLIMÁTICO, CAMBIO DE CICLO  por José Mª de Cárdenas Domínguez-Adame

Si pudiéramos hibernar

Que nuestro sector vive sin duda su peor momento histórico ya no es un secreto para nadie, como tampoco lo son las causas que lo han motivado, cada una de por sí ya bastante negativas: mercados financieros bloqueados e inestabilidad económica a escala global, así como sobreoferta de producto, disminución de la demanda y crisis de confianza en el mercado doméstico, entre otras. Agotados por esta "tormenta perfecta" podríamos pensar que lo mejor sería intentar detener milagrosamente todos los relojes, muy especialmente los de nuestros mayores acreedores, las entidades financieras, para que se reactivaran sólo cuando vuelva a fluir el dinero, se absorba la sobreoferta y se reactive la demanda. Congelarnos así hasta que se resuelvan estas cuestiones no estaría mal.

 

Deberíamos en este caso preguntarnos qué vamos a encontrar cuando acabe nuestra hibernación, porque aunque sentimos los cambios, no sabemos con precisión hacia donde, hacia qué, y a la velocidad que todo evoluciona hoy, podemos encontrar un escenario para nuestras empresas sensiblemente diferente al actual.

 

Para imaginar ese futuro podemos mirar hacia aquellas empresas que capean mejor el temporal, crecen en número de clientes o de usuarios de sus servicios, cumplen sus planes, obtienen resultados, que las hay. En los sectores punteros de Internet, de las comunicaciones, de las energías o en empresas globales de servicios profesionales encontramos buenos ejemplos, con algunos rasgos comunes: muchas basan sus estrategias en el conocimiento, o en la información, o en las comunicaciones y las redes globales, más que hacerlo en el predominio del capital sobre el trabajo como elemento creador de riqueza.

 

El beneficio o ganancia no es la prioridad en la acción económica y la obtención del mismo no se basa ya en la acumulación de capital; y hasta, en algunos casos, éste no puede separarse de la contribución de cada persona a la cadena de servicio o producción.

 

Todos estos rasgos obsoletos que hemos enumerado caracterizan al capitalismo en su definición más básica, así que no es raro que esta crisis financiera y de confianza aparezca ligada estrechamente a una crisis más profunda de todo el sistema sobre el cual hemos construido nuestro pasado más cercano: el modelo capitalista. Si además ese mismo modelo económico ha basado su estrategia de desarrollo y crecimiento en materias que se suponían infinitas - la energía, los mares, los bosques…los recursos naturales en general -, y hoy ya sabemos que no son finitas, no es de extrañar que últimamente siempre aparezcan mezcladas cuestiones como el derrumbe del sistema financiero o de los mercados bursátiles, tal como hoy los conocemos con la escasez de la energía y de recursos naturales o la influencia del hombre en el cambio climático.

Saldrá el sol

De sistemas financieros, de demanda y oferta o de la bolsa todos entendemos algo. Pero sobre el crecimiento desmedido y su relación con el cambio climático la información suele vincularse a escenarios mundiales y a muchos nos cuesta imaginar cómo este asunto nos afectará - a nosotros y a nuestros proyectos - cuando despertemos y finalmente exista demanda y dinero para financiarlos.

Sobre esta materia lo más claro que he escuchado hasta ahora se lo oí recientemente a Ramón Folch, biólogo y socioecólogo, en una conferencia organizada por el Foro de Ideas Andalucía Sostenible. Ligado a su disertación sobre el cambio climático, Folch insistió en la necesidad de diseñar un cambio de modelo económico, un reparto equitativo de los recursos naturales y un uso más eficiente de los mismos.. Lejos de incidir en cuestiones políticas o ideológicas, insistió en la negativa repercusión sobre el clima de las actividades humanas desde el comienzo de la revolución industrial hasta nuestros días y cómo se puede medir y acotar. Así las cosas, parece que nuestro plazo para actuar con rotundidad ya ha concluido porque hemos consumido todos los márgenes de seguridad y que se hace necesario avanzar mucho más de lo que estamos haciendo en la actualidad.

Son cambios tan bruscos que no van a llegar de manera suave, más bien requieren una revolución que redefina un nuevo tablero de juego que ahora se basa en tres patas: más energía limpia, más eficiencia en el consumo y una nueva ética de conservación y del consumo responsable de los recursos naturales.

Actor principal

Precisamente son estos factores los que pueden dar a la industria inmobiliaria la capacidad de reacción y preparación para esta revolución que parece estar a punto de ponerse en marcha. ¿Somos los agentes del sector inmobiliario realmente los más adecuados para aplicar estos nuevos principios e instar a ‘la revolución’? Estudiemos las nuevas tres patas del tablero y nuestra conexión con el nuevo sistema:

- Parece que nosotros tenemos poco que decir cuando hablamos de encontrar o aportar más electrones limpios al sistema. No desarrollamos esta tecnología, aunque algunas compañías inmobiliarias tengan intereses particulares en este campo, como en energías eólicas o fotovoltaicas. No es nuestra misión básica como inmobiliarias.

- Por otra parte, si hablamos de ser más eficientes, hay pocas industrias que tengan más responsabilidad que la nuestra: primero, nuestros edificios utilizan una tercera parte de toda la energía consumida a nivel mundial y dos tercios de toda la electricidad; segundo, son una fuente importante de la contaminación que causa problemas de calidad del aire urbano; y en tercer lugar, en nuestras ciudades se consume una gran parte de la energía global dedicada al transporte de las personas y de las mercancías. Así, parece obvio que es nuestra responsabilidad aportar nuevos enfoques y encontrar métodos para generar ciudades y construcciones más eficientes; modificar nuestros criterios de planeamiento urbanístico actuales que siguen produciendo barrios segregados y sin equipamientos; densificar las ciudades para aprovechar al máximo las infraestructuras existentes; reciclar espacios urbanos obsoletos; invertir en nuevas tecnologías constructivas; enfocar las construcciones siempre desde un punto de vista bioclimático; no consumir más suelo rústico si existen otros más apropiados; invertir en la mejora de las condiciones del parque de viviendas existentes, entre otros…

- De la época actual sabemos ya que la energía barata nos lleva a consumir más, así que cuando ésta esté disponible para todos y sea limpia, ¿qué va a impedir que no sigamos agotando los recursos naturales sino es una fuerte ética que, más allá de cualquier ley o regulación, nos obligue a reenfocar cualquier acción sobre el medio ambiente, las especies, los espacios naturales, el paisaje…? En esta materia estamos obligados a fomentar una colaboración activa en el desarrollo de este nuevo sentido de la responsabilidad, fomentar los foros para debatir estas ideas, difundir las mismas, seguir desarrollando las estrategias de Responsabilidad Social Corporativa en nuestras organizaciones e incorporar criterios medioambientales a las mismas.

Inspirar el cambio de ciclo

Desafortunadamente, parar el reloj como decíamos al principio es difícil, imposible. La vida sigue y puede ser que la "tormenta perfecta" que arrecia se lleve por delante parte de nuestras estructuras, parte de nuestros bienes, y quién sabe a cuántos de nosotros como empresarios por completo. Pero, con más o con menos, resurgiendo de la nada o indemnes, muchos quedarán en pie cuando salga el sol de nuevo, que saldrá.

Entonces, con la instauración de un mercado financiero saneado y con una demanda de nuevo activada, seguro que ésta vendrá determinada por estos nuevos enfoques. Nuestros clientes y la sociedad en general va a demandar de nosotros que afrontemos el reto de seguir construyendo, pero con la vista puesta en el medioambiente además de en los resultados económicos para que el crecimiento económico se gestione bajo la conciencia de que todas nuestras acciones repercuten en el sistema global. Quizás entonces el mercado premie más a quienes vigilen estos aspectos que a los que hagan de la ganancia su prioridad empresarial.

En mi opinión, y en lo que se refiere a nuestro negocio y nuestro ámbito de actuación, es posible hacer del cambio climático y sus consecuencias el motor de la reestructuración que necesita el sector de la construcción y la promoción inmobiliaria en nuestro ámbito, en Andalucía.

Todos estos elementos pueden conformar una palanca en la que apoyar la reestructuración que necesita nuestra industria y así crear nuevas realidades que serán las claves de este nuevo ciclo en el que ya hemos entrado, desde nuevos productos y nuevos nichos de negocio en torno a estas tecnologías a nuevos modelos de financiación basados en otros principios, nuevos métodos de gestión, de marketing, o nuevas tecnologías.

Estos enfoques tienen que inspirar nuestras nuevas actitudes y las estrategias que nos ayuden a salir reforzados de la situación actual. Deberán inspirar igualmente a nuestros equipos, a nuestros clientes, a nuestros entidades financieras y a nuestros Ayuntamientos, a la Administración Autonómica, y en general, a todos los agentes. Porque no es una cuestión opcional, puede que sea la única opción. Y en nosotros está empezar, desde hoy, a prepararnos para aprovecharla.

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